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	<title><![CDATA[Templo Metropolitano Alianza]]></title>
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	<googleplay:author><![CDATA[Templo Metropolitano Alianza]]></googleplay:author>
	<itunes:summary><![CDATA[DeclaraciÃ³n de Fe del Templo Metropolitano Alianza


Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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	<googleplay:description><![CDATA[DeclaraciÃ³n de Fe del Templo Metropolitano Alianza


Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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	<description><![CDATA[DeclaraciÃ³n de Fe del Templo Metropolitano Alianza


Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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            <title><![CDATA[Mente Carnal o Mente Espiritual-Parte 4]]></title>
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Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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            <googleplay:description><![CDATA[DeclaraciÃ³n de Fe del Templo Metropolitano Alianza


Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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            <title><![CDATA[Mente Carnal o Mente Espiritual - Parte 3]]></title>
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Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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                <pubDate>Tue, 06 Mar 2018 15:35:02 +0100</pubDate>
                
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            <title><![CDATA[Mente carnal o Mente espiritual-Parte 2]]></title>
            <link>https://hearthis.at/tmalianza/mente-carnal-o-mente-espirtual-parte-2/</link>
            <itunes:author><![CDATA[Templo Metropolitano Alianza]]></itunes:author>
            <description><![CDATA[DeclaraciÃ³n de Fe del Templo Metropolitano Alianza


Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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            <googleplay:description><![CDATA[DeclaraciÃ³n de Fe del Templo Metropolitano Alianza


Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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                <pubDate>Tue, 06 Mar 2018 15:33:19 +0100</pubDate>
                
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            <title><![CDATA[Mente carnal o mente espiritual-Parte 1]]></title>
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Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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            <googleplay:description><![CDATA[DeclaraciÃ³n de Fe del Templo Metropolitano Alianza


Hay un solo Dios, quien es infinitamente perfecto y existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y EspÃ­ritu Santo.


Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el EspÃ­ritu Santo y naciÃ³ de la virgen MarÃ­a. MuriÃ³ en la cruz, el Justo por los injustos, como sacrificio substitutivo, y todos que creen en El son justificados por medio de su sangre. ResucitÃ³ de entre los muertos, segÃºn las Escrituras. Actualmente estÃ¡ a la diestra de la Majestad en lo alto como nuestro gran Sumo Sacerdote. VendrÃ¡ otra vez para establecer su reino de justicia y paz.


El EspÃ­ritu Santo es una divina persona, enviado para morar en el creyente, para guiarlo, enseÃ±arlo y darle poder, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.


Los Testamentos, Antiguo y Nuevo, son infalibles tales como fueron originalmente; fueron inspirados verbalmente por Dios y son una revelaciÃ³n completa de la voluntad de Dios para la salvaciÃ³n de los seres humanos. Constituyen la Ãºnica regla divina de fe y prÃ¡ctica cristiana.


El hombre fue creado originalmente a la imagen y semejanza de Dios; cayÃ³ por su desobediencia, y asÃ­ incurriÃ³ en la muerte tanto fÃ­sica como espiritual. Todo hombre nace con una naturaleza pecaminosa, estÃ¡ separado de la vida de Dios y puede ser salvo sÃ³lo por la obra expiatoria del SeÃ±or Jesucristo. El fin de los impenitentes e incrÃ©dulos es la existencia eterna en sufrimiento consciente; el del creyente es de gozo y dicha eterna.


La salvaciÃ³n se ha provisto por medio de Jesucristo para todos los hombres; y los que se arrepienten y creen en El, nacen de nuevo por medio del EspÃ­ritu Santo, reciben el don de vida eterna y llegan a ser hijos de Dios.


Es la voluntad de Dios que todo creyente sea lleno del EspÃ­ritu Santo y enteramente santificado, separado del pecado y del mundo, y completamente dedicado a la voluntad de Dios, y asÃ­ recibirÃ¡ poder para vivir santamente y servir eficazmente. Esta experiencia progresiva, efectuada en la vida del creyente despuÃ©s de su conversiÃ³n.


Hay provisiÃ³n en la obra redentora del SeÃ±or Jesucristo para la sanidad del cuerpo mortal. La oraciÃ³n por los enfermos y el ungimiento con aceite son enseÃ±ados en las Escrituras y son privilegios de la Iglesia para el presente siglo.


La Iglesia consiste de todos aquellos que creen en el SeÃ±or Jesucristo, que son redimidos por su sangre y nacen de nuevo por el EspÃ­ritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, su Iglesia que ha sido comisionada por El para ir a todo el mundo para testimonio, predicando el Evangelio a todas las naciones. La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reÃºne para la adoraciÃ³n a Dios, la edificaciÃ³n por medio de la Palabra de Dios, la oraciÃ³n, la comuniÃ³n, la proclamaciÃ³n del Evangelio y la celebraciÃ³n de las ordenanzas del Bautismo y la Santa Cena.


HabrÃ¡ una resurrecciÃ³n corporal de los justos y de los injustos; para aquellos serÃ¡ una resurrecciÃ³n para vida; y para Ã©stos, una resurrecciÃ³n para juicio.

La Segunda Venida del SeÃ±or Jesucristo es inminente y serÃ¡ personal, visible y premilenial. Esta es la esperanza gloriosa del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel.
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                <pubDate>Tue, 06 Mar 2018 15:16:48 +0100</pubDate>
                
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