Equilibrio Radio

Villavicencio, Colombia

La mente es afectada mayormente por la realidad y las situaciones que atravesamos en la cotidianeidad. Por ejemplo, cuando algo “malo” nos pasa en mitad del día, parece que no hay modo de liberarnos de ello y -cual efecto dominó- sentencia el rumbo y la suerte de todo lo que sucederá en adelante. ¿De verdad es así o somos nosotros los que provocamos esa sucesión de hechos poco felices?
Efectivamente, somos totalmente responsables de eso. Podemos gestionar nuestra atención y podemos decidir dónde enfocarla. De esta forma, el hecho de quedarnos “atascados” en un hecho negativo y arrastrar sus efectos a todo lo que sucede después es una decisión pura, exclusiva y totalmente nuestra. Cuando nos apegamos a lo negativo incrementamos nuestro malestar; si nos centráramos en lo positivo aumentaríamos nuestro bienestar. En este sentido, hay una cita del famoso escritor francés Anatole France que lo describe bastante bien:

“Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia”.
Y podríamos estar preguntándonos en este momento, ¿qué puede tener de positivo discutir con el del banco por una comisión o que puede tener de bueno estar en medio de un atasco que nos impide llegar a tiempo para retirar los chicos del cole? Pues, a simple vista, tiene poco de positivo, pero ¿acaso podemos hacer algo para impedir que eso suceda de esa forma? ¿Podemos hacer algo para que el empleado del banco sea más educado o para que nuestro coche eleve por encima del tránsito? Pues no. Esa es la clave. No hay nada que podamos hacer para que esos contratiempos sucedan, en lo único que sí podemos intervenir es en cómo permitimos que nos afecten a nosotros.

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La mente es afectada mayormente por la realidad y las situaciones que atravesamos en la cotidianeidad. Por ejemplo, cuando algo “malo” nos pasa en mitad del día, parece que no hay modo de liberarnos de ello y -cual efecto dominó- sentencia el rumbo y la suerte de todo lo que sucederá en adelante. ¿De verdad es así o somos nosotros los que provocamos esa sucesión de hechos poco felices?
Efectivamente, somos totalmente responsables de eso. Podemos gestionar nuestra atención y podemos decidir dónde enfocarla. De esta forma, el hecho de quedarnos “atascados” en un hecho negativo y arrastrar sus efectos a todo lo que sucede después es una decisión pura, exclusiva y totalmente nuestra. Cuando nos apegamos a lo negativo incrementamos nuestro malestar; si nos centráramos en lo positivo aumentaríamos nuestro bienestar. En este sentido, hay una cita del famoso escritor francés Anatole France que lo describe bastante bien:

“Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia”.
Y podríamos estar preguntándonos en este momento, ¿qué puede tener de positivo discutir con el del banco por una comisión o que puede tener de bueno estar en medio de un atasco que nos impide llegar a tiempo para retirar los chicos del cole? Pues, a simple vista, tiene poco de positivo, pero ¿acaso podemos hacer algo para impedir que eso suceda de esa forma? ¿Podemos hacer algo para que el empleado del banco sea más educado o para que nuestro coche eleve por encima del tránsito? Pues no. Esa es la clave. No hay nada que podamos hacer para que esos contratiempos sucedan, en lo único que sí podemos intervenir es en cómo permitimos que nos afecten a nosotros.

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